La magia de los detalles.

Como definición del modelo de persona caótica que soy,  la atención al detalle, tanto a nivel personal como profesional, no ha sido nunca una cuestión importante para mí. Suficiente tengo con poder tener una visión global de las cosas que me rodean, como para poder centrarme mínimamente en las cuestiones más pequeñas. Simplemente en mi esquema mental, los detalles no son una prioridad.

Este verano recibí una lección magistral de la importancia de los pequeños detalles. La ocasión de trabajar con una persona que cuida al extremo el más mínimo aspecto de un proyecto sea profesional o particular, su imagen, la manera en que comunica, el mensaje, el diseño, me hizo reflexionar sobre mi manera de hacer las cosas y sobre todo observar de otra manera lo que me rodea.

Personalmente, creo que este perfil de personas detallistas y perfeccionistas, nacen o se hacen en un entorno determinado y desde muy jóvenes, por lo que, si no eres del club,  es prácticamente imposible convertirse al “detallismo” de la noche a la mañana. Aunque no hay que perder la esperanza, porque si alguien tan poco dada a éste movimiento como yo, se está reciclando, es señal de que no todo está perdido.

La mejor manera de empezar es centrarse en pequeños proyectos. Observar nuestro entorno, nuestra casa, oficina, jardín y ver de qué manera podemos añadir valor cambiando pequeñas cosas sin realizar grandes inversiones ni reformas. Añadir (o quitar) objetos, plantas, luces, aprovechar pequeños rincones, poner color, quitar color, etc…

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En casa, por ejemplo, un día me di cuenta que tenía un viejo neceser con todos mis potingues y colonias en el interior, siempre a la vista,  porque obviamente es una cosa que usas muy a menudo a pesar de que el conjunto en sí era bastante feo para tener a la vista, así que decidí cambiarlo. La solución vino tras una rápida visita a una conocida cadena de objetos de decoración, donde me hice con ésta bandeja y la taza de color rosa por lo que sólo me quedó disponer las cosas que utilizo cada día en la bandeja y eliminar para siempre el viejo neceser.

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No se trata de redecorar, no se trata de cambiarlo todo, se trata de observar lo que te rodea y ver qué detalles puedes añadir (o eliminar!!!) para mejorar la estética, la funcionalidad o el mensaje que deseas transmitir.

Del mismo modo, lo podemos aplicar en el trabajo, aprovechar pequeños proyectos para intentar abarcar al máximo todos los detalles del mismo. También a nuestra imagen, ¿cómo podemos añadir pequeños detalles que mejoren cómo nos presentamos ante el mundo? ¿unos pendientes? ¿un foulard? ¿un corte de pelo?.

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Como no tengo ninguna posibilidad de convertirme en una obsesiva de la perfección, seguiré observando con ojo crítico lo que me rodea y como hay poca opción de cambiar a lo grande mejor centrar la energía en las cosas pequeñas.

¡Buen fin de semana!

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Tea time in Oxford…

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Que nadie se preocupe que no tengo la menor intención  de hacer un análisis político económico sobre el Brexit y sus circunstancias, nada más lejos. Simplemente, estaba revisando mi archivo fotográfico y me he encontrado estas fotos de Oxford del pasado mes de agosto,  fruto de una visita exprés a la ciudad y me ha dado por divagar sobre lo poco que conozco de Gran Bretaña y sin embargo, lo mucho que me gusta.

Cuando vives en una zona turística como yo, la idea que prevalece sobre los ingleses, no siempre va asociada a adjetivos demasiado favorables. Todos tenemos en la retina escenas e imágenes lamentables de los espectáculos que montan en algunas de las localidades de las costas españolas. Sin embargo, como las generalizaciones en general, no deja de ser un tópico. Al entablar relación con ellos bien a nivel profesional como personal, descubres que son profesionales serios, buenos vecinos y en general una sociedad con unas convicciones y valores arraigados. Sí, lo sé, son valoraciones subjetivas fruto de mi experiencia personal, y por supuesto no quiere decir que todos sean así. Los británicos combinan a la perfección la tradición con el  estilo. Además le añaden una atención por el detalle, que nunca me deja de sorprender. Los detalles importan en el Reino Unido.

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Aunque las fotografías son de  Oxford, no puedo hacer muchas recomendaciones dado lo poco que duró mi visita, sólo dos lugares.  el Gran Café que es una de las cafeterías más antiguas de la ciudad, ideal para el té de las cinco. Para los más golosos, una parada obligatoria es el puesto de Ben’s Cookies en el mercado cubierto de la ciudad.

 

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Tú a California y yo me voy a Londres. Vamos, que si me pierdo, estaré pateando algún barrio de esta ciudad (¡me quedan tantos por descubrir!) No sé ni por dónde empezar. Lo poco que conozco, me encanta. Es el sitio ideal si uno pretende montar algún tipo de negocio de restauración o local comercial, porque está repleto de restaurantes, cafeterías y tiendas espectaculares, tanto por el estilo como por el diseño. La ciudad está en plena ebullición y se nota. Uno de los sitios que tenía en mi interminable lista de visitas era el Chiltern Firehouse  un hotel ubicado en un antigua estación de bomberos, un sitio muy especial en el que destaca el trabajo de arquitectura e interiorismo, se ha convertido una estructura complicada en un hotel de cinco estrellas. No sé como serán las habitaciones, pero  tiene un restaurante con terraza ideal para un brunch de domingo. En el que sí me he alojado y vale la pena es el Hoxton Holborn Hotel que es el hotel con más ambiente que me he encontrado jamás. En pleno West End, un hotel muy hipster, con un clientela joven y un ambientazo en el bar y restaurante por las noches.

Para qué nos vamos a engañar, como todas las capitales europeas, no es una ciudad barata, sin embargo ahora con el efecto Brexit la Libra esterlina está casi a la par con el euro y es un buen momento para hacer una escapada. Al haber tanta oferta gastronómica, se pueden encontrar restaurantes con buena calidad precio, incluso las cadenas de fast food se han modernizado como es el caso de “Pret a manger” y ofrecen comida sana y decente a precios razonables, que es suficiente para reponer energías, para poder seguir pateando la ciudad, que es lo que realmente vale la pena. Otra opción que no es excesivamente cara y está bien sobre todo si se va en familia, son los las hamburgueserías Byron, que están por toda la ciudad. En plan cadena también están los Dishroom que son restaurantes de comida india, donde se come fenomenal.

Ahora, que si uno quiere tirar la casa por la ventana, el restaurante que se tiene que visitar es el Sketch , que no sé muy bien como definir, pero básicamente es muy rosa. La comida está muy bien, el restaurante es muy divertido y la única pega es el precio, sobre todo de los vinos.

Perderse en los barrios, andando o en bicicleta es una  buenísima opción y mucho más económica. Si uno se atreve a circular por la izquierda y el tiempo es mínimamente favorable. Las Santander Bikes (gracias, Ana Patricia) son buenas, bonitas y baratas.  Nosotros las cogimos un domingo soleado y rodeamos Regents Park (rodear, porque no se puede acceder en bici), Luego recorrimos los barrios de Marylebone, Fitzrovia y Mayfair.

El planazo nocturno es el teatro. Un musical indispensable: The Book of Mormon. De lo mejor que he visto en musicales. Hay muchísimos más dependiendo de los gustos de cada cual.

En fin, tengo una lista interminable, de barrios, restaurantes, exposiciones y obras de teatro, que al ritmo de nuestras micro escapadas voy a necesitar doscientos viajes a la ciudad para ver.

Si alguien está planeando un viaje a Londres y necesita preparar el viaje os recomiendo el blog : Un blog y un paraguas en Londres tiene unos posts muy detallados sobre rincones menos conocidos de la ciudad y todo tipo de recomendaciones de lo más interesantes.

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Bundt cake de limón

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Uno de mis recuerdos gastronómicos de la infancia, es un pastel de limón que hacía un tia de mi madre. No tenía nada de especial, era un simple bizcocho con sabor a limón, aunque diferente a los postres que solíamos tomar en casa. Con el paso del tiempo la tarta se convirtió en un recuerdo, hasta que apareció san google junto a un universo infinito de información y recetas, entre las que sin duda tenía que estar esta.

La receta no puede ser más simple, aunque el resultado es espectacular. Eso sí, no va a aparecer en ningún libro de Clean Eating, vegano, paleo o lo que sea. Esta es de las potentes.

ZITRONEN KUCHEN

INGREDIENTES:

  • 2’5 Limones bio
  • 250 gr. mantequilla
  • 250 gr. de azúcar (yo sólo le pongo 125 gr, y queda fenomenal) si os gusta el dulce ponerle los 250gr.
  • 1 pizca de sal
  • 4 huevos
  • 200 gr. harina
  • 50 gr. de maizena o fécula de patata
  • 1 sobre de levadura
  • 150 gr. de azúcar en polvo

PREPARACIÓN:

  1. Engrasar un molde de aproximadamente 25 cm de largo. Precalentar el horno a 180 grados. (160 grados si es de gas).
  2. Rallar la piel de los limones hasta obtener aproximadamente unas tres cucharadas de café de ralladura de limón. (cuidado a no rallar la parte blanca para que no le de sabor amargo).
  3. Exprimir los limones hasta obtener unos 140 ml de zumo de limón.
  4. Mezclar la mantequilla, el azúcar, la ralladura de limón y la sal bien, aproximadamente unos diez minutos hasta que quede una textura fina y espumosa. Mientras mezclamos vamos añadiendo uno a uno los huevos.
  5. Por último añadimos a la mezcla la harina tamizada, la maizena y la levadura, mezclamos un poco más y vamos añadiendo 100ml de zumo de limón , hasta que quede homogéneo.
  6. Vertemos la mezcla en el molde y horneamos entre 50 y 60 minutos (hay que vigilarlo). A los 10 minutos de horneado yo hago un corte  de un extremo a otro de la tarta.  Aproximadamente a los treinta minutos de cocción conviene tapar la tarta con un papel de aluminio, para evitar que se queme la parte superior.
  7. Una vez transcurrido el tiempo, dejamos enfriar la tarta en el molde y cuando esté frío desmoldamos.
  8. Para hacer el glaseado, ponemos el azúcar en polvo en un bowl y vamos añadiendo muy despacio el zumo de limón, mientras batimos con unas varillas. Hay que ir con cuidado, porque no necesita mucho zumo, y para que el glaseado quede bien tiene que estar espeso, si nos queda muy líquido no quedará bonito.
  9. Vertemos el glaseado sobre el pastel frío y dejamos que se endurezca.

…y voilà!

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En modo Semana Santa

primer dia de platja-1-8primer dia de platja-1-11primer dia de platja-1-12primer dia de platja-1-13primer dia de platja-1-14primer dia de platja-1-10desenfocas¿Qué pasa cuando pasas por Tiger justo antes de las vacaciones de Semana Santa? Pues que luego hay que irse a buscar ramas de almendro para poner todas las chorraditas que nos hemos traído y ver cómo las colocamos para que quede mínimamente decente. Si a esto le añadimos unos conejitos de Lindt (que me temo que no van a llegar al domingo de Pascua) el resultado ya es casi perfecto. Digo casi, porque ya sé que quedaría mejor pintar los huevos nosotros y tal, que es lo que hacíamos hace un par de años, pero nos vamos volviendo mayores (algunas más que otras) y ya lo de pintar huevos nos suena más infantil (…sic!). Por aquí aún no han empezado las vacaciones escolares de Semana Santa, pero la mayoría ya están en modo vacaciones de Pascua on…

Historias de Copenhagen

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Parece que los españoles no hemos terminado de superar el mito nórdico y  a pesar de que hayan pasado tantos años desde que  Alfredo Landa descubriera a las suecas, aún seguimos fascinados por todo lo que viene del norte de Europa. Desde la educación finlandesa al estilo escandinavo, pasando por los misterios de Hygge. Probablemente sean modas magnificadas gracias a Instagram, pero lo cierto es que la fiebre nórdica está en pleno apogeo y me temo que ha venido para quedarse.

Como buena fan del estilo nórdico, está micro escapada a la capital danesa, me hacía mucha ilusión, para comprobar si en realidad la ciudad era tan pinterest como dicen por ahí. Debo confirmar que la ciudad es muy pinterest, sobre todo si pillas un fin de semana de solazo en pleno marzo como el que tuvimos, igual con una climatología más propia de la zona, supongo que ya hubiera tenido otra percepción. Con buen tiempo la ciudad es muy fácil de ver, bien andando o en bici y tiene muchos rincones agradables que conocer. Los tópicos se confirman en general, la ciudad es bonita, la comida es cara, la bebida muchísimo más. A diferencia de España no hay bares por todas partes, es más, a las siete de la mañana es imposible tomarse un café en el centro de la ciudad sin darse un buen paseo hasta encontrar una cafetería abierta, vamos, por poner una pega.

La ruta por el centro de Copenhage debe incluir un paseo en los barquitos que recorren algunos canales, una visita al puerto de Nyhavn, una comida en alguno de los food  markets como el Paperoem o Torvehallerne, un paseo por Osterbro y por los parques. Si el viaje es familiar, vale la pena visitar el parque del Tivoli, que parece que sólo se abre de abril a septiembre.

 En general es un viaje muy recomendable, sobre todo para familias con niños ya que sí hace buen tiempo es una ciudad práctica para visitar.

Me quedo con las ganas de cruzar el puente que une Dinamarca con Suecia, que es el escenario de una de mis series nórdicas favoritas: BRON, pero había que dejar algo para la próxima visita.

Madeleines

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El primer viaje familiar a Francia, uno de los descubrimientos estrella fue las magdalenas. Eran unas magdalenas de bollería industrial, que venían envasadas en bolsitas individuales, que nos parecieron buenísimas a todos y que tenían poco que ver con las magdalenas españolas, básicamente porque los franceses las hacen con mantequilla en lugar de aceite. Ante la imposibilidad de traerme una tonelada de magdalenas, me traje un libro y unos moldes para poder hacerlas caseras cuando quisiéramos. No hace falta decir que salieron muchísimo más  ricas que las del super, y que ha sido la receta estrella durante muchos años  de nuestra mini chef.

Vale, no son precisamente una receta light apropiada para la operación bikini, pero es el típico dulce  fácil de hacer, que gusta a los niños y  mayores por igual, y que te resuelve de forma rápida cualquier fiesta o merienda infantil.

La receta por si alguien se anima es:

150 gr. de harina tamizada

125 gr. de mantequilla

150 gr. azúcar

2 huevos grandes

2 cucharadas de leche

1 cucharadita de levadura en polvo

La elaboración es muy simple:

1.- Mezclamos los huevos y  el azúcar hasta que quede una pasta blanca homogénea.

2.- Vamos añadiendo la harina, levadura, leche y mantequilla.

3.- Dejamos reposar la masa 30 minutos.

4.- Rellenamos los moldes, horneamos a 220 grados los tres primeros minutos y luego bajamos la temperatura a 180 grados,  de 3 a 6 minutos. El tiempo de horneado dependerá si el molde que utilizamos es de madeleines normales o  mini madeleines. Si son minis el horneado es mucho más rápido por lo que hay que vigilarlas un poco.

¡Feliz operación burkini!

Podeis encontrar moldes aquí o aquí o aquí

Paris

Hacer una escapada a París no es una buena idea, el tiempo nunca es suficiente para hacer todo lo que tienes planeado, y te vas con las ganas de seguir pateando la ciudad. En definitiva la ciudad se merece por lo menos dos semanas para disfrutar de todos los rinconcitos, cafés y mercados que esconde.

Como lo de las dos semanas además de no poder ser, es imposible, habrá que conformarse con las micro escapadas habituales, que tampoco están mal . ¡Feliz verano!

 

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