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Otoño berlinés en color

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Berlín es una ciudad extensa, llena de contrastes que se ama o se odia sin términos medios. No recuerdo haberla visitado nunca en ésta época del año y ha sido toda una sopresa descubrir una ciudad teñida de amarillos y naranjas que se funden con el acero de los edificios. La solidez germana no puede estar mejor representada en la arquitectura contemporánea de la ciudad, que en los últimos veinticinco años ha sufrido una revolución estética, dejando atrás la estética soviética, reducida hoy a reclamo turístico.

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El Reichstag y la espectacular cúpula es una visita obligada. Una de las cosas que más sorprende al visitante es lo pequeño que es el espacio del Bundestag (congreso de los diputados alemán) en comparación con la magnitud del edificio en el exterior. El estudio de arquitectura de Sir Norman Foster es el responsable de este proyecto que en aras de la eficiencia energética tiene una cúpula abierta que suministra luz a través de un enrevesado sistema de espejos que se ve en la foto, a todo el parlamento. Además al estar abierta se recicla el agua de la lluvia que se recoge en el enorme cono que preside la cúpula.

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La zona de la puerta de Brandemburgo por fin está despejada de obras y es un poco más fácil ver el monumento, eso sí, si uno quiere fotografiarla en condiciones, hay que levantarse muy temprano porque está zona siempre está llena de gente.

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La catedral de Berlín es una visita también muy turística que merece la pena. Tuvimos la suerte de subir a la cúpula (a patita, que no hay ascensores) y poder contemplar la puesta de sol sobre la ciudad, que sencillamente es espectacular desde todos los ángulos. Personalmente, me gustan más las perspectivas desde la Catedral, que desde la famosa torre de la televisión, además no hay tantas colas.

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Otra de las visitas, algo más alternativa es la zona de Kreuzberg, un barrio con un rollo hipster repleto de bares y restaurantes, ideal para ir a cenar y darse una vuelta. La arteria principal es la Oranienstrasse, donde se puede elegir entre variedades gastronómicas de todas partes del mundo. Para tomar una cerveza, en la misma calle está en Biererei Bar, dónde lo difícil es saber qué tipo de cerveza elegir,  de entre sus más de 20 variadades de cervezas.

Lamento no poder recomendar ningún restaurante interesante para los gourmets, básicamente porque en el poco tiempo que hemos estado en la ciudad, nos hemos alimentado a base de curry wurst que no es muy glamuroso, pero hay que probarlas. El sitio más divertido ha sido un refugio austriaco de montaña situado en plena Postdammer platz y su mercado navideño, pero me temo que sólo estará temporalmente.

Berlín, como siempre necesito mucho más tiempo para descubrir rinconcitos, pero hay que dejar cosas para la próxima visita.

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Tea time in Oxford…

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Que nadie se preocupe que no tengo la menor intención  de hacer un análisis político económico sobre el Brexit y sus circunstancias, nada más lejos. Simplemente, estaba revisando mi archivo fotográfico y me he encontrado estas fotos de Oxford del pasado mes de agosto,  fruto de una visita exprés a la ciudad y me ha dado por divagar sobre lo poco que conozco de Gran Bretaña y sin embargo, lo mucho que me gusta.

Cuando vives en una zona turística como yo, la idea que prevalece sobre los ingleses, no siempre va asociada a adjetivos demasiado favorables. Todos tenemos en la retina escenas e imágenes lamentables de los espectáculos que montan en algunas de las localidades de las costas españolas. Sin embargo, como las generalizaciones en general, no deja de ser un tópico. Al entablar relación con ellos bien a nivel profesional como personal, descubres que son profesionales serios, buenos vecinos y en general una sociedad con unas convicciones y valores arraigados. Sí, lo sé, son valoraciones subjetivas fruto de mi experiencia personal, y por supuesto no quiere decir que todos sean así. Los británicos combinan a la perfección la tradición con el  estilo. Además le añaden una atención por el detalle, que nunca me deja de sorprender. Los detalles importan en el Reino Unido.

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Aunque las fotografías son de  Oxford, no puedo hacer muchas recomendaciones dado lo poco que duró mi visita, sólo dos lugares.  el Gran Café que es una de las cafeterías más antiguas de la ciudad, ideal para el té de las cinco. Para los más golosos, una parada obligatoria es el puesto de Ben’s Cookies en el mercado cubierto de la ciudad.

 

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Tú a California y yo me voy a Londres. Vamos, que si me pierdo, estaré pateando algún barrio de esta ciudad (¡me quedan tantos por descubrir!) No sé ni por dónde empezar. Lo poco que conozco, me encanta. Es el sitio ideal si uno pretende montar algún tipo de negocio de restauración o local comercial, porque está repleto de restaurantes, cafeterías y tiendas espectaculares, tanto por el estilo como por el diseño. La ciudad está en plena ebullición y se nota. Uno de los sitios que tenía en mi interminable lista de visitas era el Chiltern Firehouse  un hotel ubicado en un antigua estación de bomberos, un sitio muy especial en el que destaca el trabajo de arquitectura e interiorismo, se ha convertido una estructura complicada en un hotel de cinco estrellas. No sé como serán las habitaciones, pero  tiene un restaurante con terraza ideal para un brunch de domingo. En el que sí me he alojado y vale la pena es el Hoxton Holborn Hotel que es el hotel con más ambiente que me he encontrado jamás. En pleno West End, un hotel muy hipster, con un clientela joven y un ambientazo en el bar y restaurante por las noches.

Para qué nos vamos a engañar, como todas las capitales europeas, no es una ciudad barata, sin embargo ahora con el efecto Brexit la Libra esterlina está casi a la par con el euro y es un buen momento para hacer una escapada. Al haber tanta oferta gastronómica, se pueden encontrar restaurantes con buena calidad precio, incluso las cadenas de fast food se han modernizado como es el caso de “Pret a manger” y ofrecen comida sana y decente a precios razonables, que es suficiente para reponer energías, para poder seguir pateando la ciudad, que es lo que realmente vale la pena. Otra opción que no es excesivamente cara y está bien sobre todo si se va en familia, son los las hamburgueserías Byron, que están por toda la ciudad. En plan cadena también están los Dishroom que son restaurantes de comida india, donde se come fenomenal.

Ahora, que si uno quiere tirar la casa por la ventana, el restaurante que se tiene que visitar es el Sketch , que no sé muy bien como definir, pero básicamente es muy rosa. La comida está muy bien, el restaurante es muy divertido y la única pega es el precio, sobre todo de los vinos.

Perderse en los barrios, andando o en bicicleta es una  buenísima opción y mucho más económica. Si uno se atreve a circular por la izquierda y el tiempo es mínimamente favorable. Las Santander Bikes (gracias, Ana Patricia) son buenas, bonitas y baratas.  Nosotros las cogimos un domingo soleado y rodeamos Regents Park (rodear, porque no se puede acceder en bici), Luego recorrimos los barrios de Marylebone, Fitzrovia y Mayfair.

El planazo nocturno es el teatro. Un musical indispensable: The Book of Mormon. De lo mejor que he visto en musicales. Hay muchísimos más dependiendo de los gustos de cada cual.

En fin, tengo una lista interminable, de barrios, restaurantes, exposiciones y obras de teatro, que al ritmo de nuestras micro escapadas voy a necesitar doscientos viajes a la ciudad para ver.

Si alguien está planeando un viaje a Londres y necesita preparar el viaje os recomiendo el blog : Un blog y un paraguas en Londres tiene unos posts muy detallados sobre rincones menos conocidos de la ciudad y todo tipo de recomendaciones de lo más interesantes.

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Historias de Copenhagen

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Parece que los españoles no hemos terminado de superar el mito nórdico y  a pesar de que hayan pasado tantos años desde que  Alfredo Landa descubriera a las suecas, aún seguimos fascinados por todo lo que viene del norte de Europa. Desde la educación finlandesa al estilo escandinavo, pasando por los misterios de Hygge. Probablemente sean modas magnificadas gracias a Instagram, pero lo cierto es que la fiebre nórdica está en pleno apogeo y me temo que ha venido para quedarse.

Como buena fan del estilo nórdico, está micro escapada a la capital danesa, me hacía mucha ilusión, para comprobar si en realidad la ciudad era tan pinterest como dicen por ahí. Debo confirmar que la ciudad es muy pinterest, sobre todo si pillas un fin de semana de solazo en pleno marzo como el que tuvimos, igual con una climatología más propia de la zona, supongo que ya hubiera tenido otra percepción. Con buen tiempo la ciudad es muy fácil de ver, bien andando o en bici y tiene muchos rincones agradables que conocer. Los tópicos se confirman en general, la ciudad es bonita, la comida es cara, la bebida muchísimo más. A diferencia de España no hay bares por todas partes, es más, a las siete de la mañana es imposible tomarse un café en el centro de la ciudad sin darse un buen paseo hasta encontrar una cafetería abierta, vamos, por poner una pega.

La ruta por el centro de Copenhage debe incluir un paseo en los barquitos que recorren algunos canales, una visita al puerto de Nyhavn, una comida en alguno de los food  markets como el Paperoem o Torvehallerne, un paseo por Osterbro y por los parques. Si el viaje es familiar, vale la pena visitar el parque del Tivoli, que parece que sólo se abre de abril a septiembre.

 En general es un viaje muy recomendable, sobre todo para familias con niños ya que sí hace buen tiempo es una ciudad práctica para visitar.

Me quedo con las ganas de cruzar el puente que une Dinamarca con Suecia, que es el escenario de una de mis series nórdicas favoritas: BRON, pero había que dejar algo para la próxima visita.